Cada día nos asaltan invisibles, etéreos, susurrantes, miles de anuncios al día. Desde el momento que abres los ojos, el instante en que se enciende la pantalla, cuando desayunas, y cuando caminas por las calles.

 

Leo que en los 70, cuando nací, la persona promedio veía entre 500 y 1600 anuncios por día (vallas publicitarias, periódicos y televisión)

 

Hoy, por lo visto, vemos entre 6.000 y 10.000. Leí que lo que sucedió es que se nos fue de las manos un día, y ahora es como una de esas epidemias fuera de control. Internet lo disparó todo. Hoy nuestras vidas consisten en convivir con esos miles de anuncios, sugerencias, propuestas.  Amontonarlos a un lado del cerebro y tratar de elegir las cosas importantes. Pero es complicado, porque te siguen, adivinan tus gustos, preferencias, te observan, te sugieren, te proponen, amurallan tu voluntad.

 

Datos, al final te han convertido solo en una montaña de datos que sirve para fabricar anuncios, propuestas, entregas rápidas, conveniencias. Es el mundo hiperpersonalizado. Y conveniente. Por lo visto, “conveniente” se refiere a para ti.

 

Hoy tu vida sin móvil sería complicada, como regresar al Paleolítico. Tu vida sin linkedin, Facebook, Instagram o Twitter, sin ese goteo incesante de mensajes, de publicidad sería extraña. Tu vida sin banner digitales, sin alertas en el móvil, sin ojos invisibles analizando tus datos, sería tan extraña.

 

Son las 9.29 de la mañana, y te preguntas con cuántos anuncios te habrás topado en lo que llevas de día. Cuántas veces habrás sido observado, cuántos datos habrás fabricado…

 

No sé cuándo todo cambió, pero sé que será tan complicado regresar a lo que fuimos.

Autor: Laureano Turienzo. Consultor & Asesor empresas retail

2017-2019: 200 conferencias con más de 50.000 asistentes de 15.000 empresa del Retail, y «one to one» con empresas líderes en 32 países.  He asesorado, o han contratado mis servicios, 7 de los 10 principales retailers de Iberoamérica y más de 80 empresas e instituciones en estos 3 años.

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